sábado, 17 de septiembre de 2016

Vestida de rabia

A la primer compañera de mi vida.



Qué linda te queda la rabia, compañera
con el estampado de leopardo en la chaqueta
en conjunto con esas argollas de bronca
el pelo revuelto de rebeldía
y la mirada acechante ardiendo en tus pupilas.

Qué lindo tu andar inquieto
tu actuar directo
tu lengua como un sable.

Qué lindo saberte invendible al poder
Qué bello tu ser indomable.

Te miro y veo un huracán de ideas destrozando cadenas
bailando apretadito con la libertad,

un cuerpo insurrecto habitando deseos (de)construidos
a destiempo y voluntad.

Te miro
te admiro
y qué bien te queda la rabia, compañera:
tan elegante
tan fresca
tan gamberra.

Te vuelvo a mirar,
me mirás mirarte,
y me invitás a doblar por una esquina
hacia la utopía.

Me agarro a tu mano
y sin dudarlo ni un instante

giro

y agradezco a las brujas tu rabia

y poder caminar contigo.

domingo, 21 de agosto de 2016

Opondré resistencia

La hija gorda
La hermana fea
La amiga siempre
La amante nunca.

A veces temo que estas imágenes mías y no otras
sean las únicas que yo vea en mi ocaso,
en el último repaso de mi acontecer.

Tengo miedo de ver en mí
-antes de cerrar los ojos para siempre-
a un ser inacabado
a alguien que nunca se sintió plena
completa, libre, feliz.

Porque parece que a eso
[al cuerpo-tránsito
al asco inmediato
al odio científicamente argumentado]
 estamos condenadas las gordas.

Por chanchas, por cerdas, por vacas, por focas,
por glotonas, por pecadoras,
por excesivas, por excedidas, por repulsivas,
por negarnos a dejarnos hacer,
por querer ser...

¿Pero saben qué?

Soy más que un número en la lista de obesas del mundo.
Las obesas del mundo somos más que un número en la lista de gente
con la que acabar a golpe de metralleta dietética.
Somos más que calorías ingeridas y calorías quemadas.
Somos más que el reflejo del espejo y la fotografía photoshopeada:
somos los ojos que las miran.

Y yo no quiero llegar a mi final
abrazada al deseo de haber sido otra
pensando que lo respirado no valió la pena
que no aproveché mi fugaz estancia en este sinsentido que es la vida
que incluso mejor podría no haber ni existido.
  
Me niego rotundamente.
Me niego rotondamente.
Me niego redondamente.

Me niego desde lo alto y ancho de mi cuerpo
desde mis amplias carnes, mis pulpas, mi blando tacto,
me niego desde toda mi piel:
me niego a irme llena de tu odio y tu desprecio,
y no rebosante de mi amor y mi alegría,

así que

opondré resistencia.

La única curva que no aceptaré en mí
es la que se dibuja en mi cuello cuando miro avergonzada hacia el suelo.

Opondré resistencia.

Porque me niego a irme de cabeza gacha y no erguida.

Opondré resistencia.

Porque puede que al final no venza
Pero no viviré vencida.

Opondré resistencia.

Ilustración de Laura Mahía [Fuente: Stop Gordofobia]