miércoles, 27 de agosto de 2014

EN CONTRA DE QUIENES ESTÁN EN CONTRA DE LAS ETIQUETAS.


Cada vez que escucho o leo a alguien que dice "yo no soy nada, no me gustan las etiquetas" me asciende el grado de ira al máximo. Y exploto.

¿¿¿Cómo no vamos a ser nada???

Ya los griegos hace más de dos mil años decían que la realidad se define por parejas de opuestos: día/noche, frío/calor, arriba/abajo... sin uno, no hay otro. ¿y qué significa esto? que borrar lo que somos borra también al opuesto.

Por ejemplo, ¿cuáles son mis opuestos? Veamos. Yo soy: mujer, gorda, sudaca/inmigrante, pobre, blanca, estudiante, joven, cisexual (palabrita q aprendí hace poco: personas en que su sexo y su género asignado coinciden, es decir, no trans), hetero (¿? bueno, no sé si definirme así porque lo estoy subvirtiendo seriamente desde q leí a mi diosa Wittig, pero bueno, es para demostrar un punto); y muchas cosas más, pero quedémonos con estas que son suficientes.

¿Cuáles son las contrarias a lo que soy?

mujer - hombre
gorda - flaca
sudaca/inmigrante - europeo o yanki en su casita
pobre - rico
blanca - negra
estudiante - trabajadora
joven - vieja
cisexual - transexual
hetero - homosexual, bisexual, pansexual...

No definirme o no reconocer lo que soy niega la existencia de mis privilegios y mis opresiones. Tengo el privilegio de ser joven, blanca y estudiante en un mundo que discrimina/desecha a la gente vieja, donde el racismo mata a diario y donde estudiar te da más oportunidades para cuando te toque ser mujer-trabajadora. Además, respondí bien a la socialización diferencial (puaj), y soy cisexual y hetero, en un mundo donde ser transexual u homosexual pueden llevarte a la cárcel, al destierro o a la tumba.

Por otro lado, hablemos de opresiones: soy mujer, gorda, sudaca y pobre, en un mundo que privilegia la delgadez y la masculinidad,  donde los ricos viven como quieren y donde quieren (y no emigran... como mucho tienen varias casas repartidas por Miami, Cancún o Cabo Verde y un jet privado que les lleva de aquí para allá sin derramar ni una sola lagrimita) gracias a que explotan a la inmensa mayoría de la humanidad, y donde ser mujer es tener, automáticamente, la posibilidad de ser objeto de violación, silenciamiento, maltrato, vejación, humillación, asesinato...

¿Que quiero decir con todo esto? Que nuestras etiquetas son nuestras trincheras. Que desde el reconocimiento de nuestras etiquetas reconocemos las relaciones de opresión, y desde ellas es que luchamos. Ojalá algún día lleguemos a ese mundo donde seamos "sólo seres humanos". Pero aún no estamos ahí. Es más, estamos MUY LEJOS de ahí.

Aún ser mujer es un riesgo de muerte, aún ser trabajador/a es un riesgo de muerte, aún ser inmigrante es un riesgo de muerte, Y QUIERO MIS ETIQUETAS. Las quiero porque tengo estas opresiones para que el opresor pueda tener sus privilegios, e invisibilizarlas le beneficia sólo a él. Las quiero porque con ellas transito este mundo social en el que las personas me interpretan, naciendo de esa interpretación su modo de tratarme. Las quiero porque así me reconocen y me reconozco. Las quiero porque, en definitiva, aunque no quisiera serlo, soy hoy todo eso que nombré: un médico, al ver mis genitales el día en que nací, me sexó como "mujer" (y vinieron consecuencias como que si te violan, es tu culpa); el mundo me trata como "gorda" al verme porque, la verdad, soy incapaz de esconder este cuerpazo que mi vieja me dio; la burocracia me escupe el "sudaca" en la cara, en una cola enorme a las puertas de un sitio llamado "Extranjería" donde me ponen una X en mi número de identificación; y la economía rompe a mi familia en mil pedazos a fin de mes mientras discuto con mis abuelos sobre que "nadie se hace rico trabajando"... 



Así que SÍ. ¡¡¡¡QUIERO MIS JODIDAS ETIQUETAS!!!! ¡¡¡¡TODAS Y CADA UNA DE ELLAS!!!!

Quiero mis etiquetas.... pero también QUIERO LAS DE ELLOS. Porque sólo podré romper de verdad las mías y todas mis opresiones el día que les rompa a ellos TODAS LAS SUYAS Y TODOS SUS PRIVILEGIOS.


Aaaaaayyyyyy [suspiro]...

Ese gran día es el protagonista de todos mis sueños húmedos.

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2 comentarios:

  1. Hola :) Pues me temo que yo vengo con un problema de etiquetado :P Me explicaré:

    No se mucho de teoría feminista pero entiendo que hay que llevar esas identidades, reivindicar dentro de ellas, aunque en principio pueda parecer parajódico ya que a causa de ellas se ha justificado históricamente la opresión. Ser "mujer" o "gorda" es irrenunciable, porque son identidades que se hacen muy evidentes. Mi problema va con la identidad de "enfermx mental" (aunque a mí me justa más "maharón/a").
    Estas identidades no son muchas veces evidentes, y además cada tipo de majara tiene su identidad propia (asperger, depresivx, psicóticx...) que se aplican muchas veces en edad adulta y que vienen, como en todos los casos, de (como diría supongo Preciado) un aparato de verificación biomédico, pero al que uno se somete por voluntad propia en muchos casos (y no algo que te toca al nacer como "mujer", "negra", "sudaca", etc. o que está ahí y que instamos a la aceptación como "gorda", "trans", "homosexual", etc.).
    No es que se pueda elegir ser neurotípico o no... pero hace plantearse que una vez te sientes oprimidx, ya que no se cumplen "x" expectativas de "normalidad", se toma el camino solitx hacia el diganóstico opresor. Y el diganóstico simplemente vale para la reeducación, aunque no sea explícito por parte de los profesionales con una perpectiva más progresista que hablan también de "aceptación".
    Será porque un verdadero movimiento por los derechos de los neurodiversos (o "maharones") está muy en bragas aún. En la mayoría de los casos las asociaciones de usuarios de salud mental, aunque reivindicando sus derechos (con muy poco resultado y muy poca resonancia en los medios), parecen más una extensión de la terapia (hacen talleres que imparten expertos del área de salud mental) que un verdadero espacio para nosotrxs. Se vuelve al redil y a la tutoría del expertx, pero por cuenta propia. Me resulta una imagen frustrante.

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  2. Wow... me encantó tu planteamiento, es algo totalmente nuevo para mí, es decir, nunca había reflexionado sobre ello. Creo que soy incapaz de responderte algo a la altura ahora mismo, pero bueno... ¡allá voy! :)

    Antes que nada, si vamos a hablar de discursos biomédicos reguladores, no podemos pensar que "gorda" o "mujer" son más evidentes que "enfermx mental". Quizás estemos más acostumbradas a unas o a otras, pero las tres categorías serían igualmente poco evidentes, pues al final son palabras que van construyendo realidad y normativizando (o excluyendo) cuerpos/mentes. No se puede elegir ser neurotípicx o no (como bien señalas), pero tampoco se elige ser gorda o mujer (ni se puede romper con semejante etiqueta fácilmente).

    Sobre la etiqueta de "enfermx mental"... te diría que es igualmente reivindicable que las demás, porque en el fondo todas forman parte de lo "abyecto", de ese entorno constitutivo de "lo normal" (quien no es gordo, ni gay, ni puta, ni enfermx mental, ni bollera, etc etc etc es NORMAL y queda conformado por todo-lo-que-no-es). En el fondo, reclamar las etiquetas (todas las abyectas) es señalar al opresor (y su etiqueta también) a la par que reivindicar una redefinición de las palabras (etiquetas, nuevamente) que se han utilizado para discriminar y reprimir a un gran sector de la sociedad, y creo que la de "enfermx mental" es una de ellas.

    Ahora, para mí, lo más importante: ¿es positivo para una persona asumir esa etiqueta si aún no la tiene? ¿es positivo para su vida? ¿quien le propone asumir esa etiqueta y desde qué perspectiva? (y supongo por aquí iban tus dudas ¿no?). Yo, personalmente, pasé una etapa complicada a nivel psicológico, y reconocer que estaba (estoy) en esa situación ha sido bastante liberador por una parte, pero condenatorio en otra. El nombre lo puso un médico (como siempre) y una vez que estaba puesto el nombre sentía que ya no podía salir de ahí. Y no pude. Y fue condenatorio. Fue liberador por otra parte, tener una idea más o menos de lo que me pasaba y pensar yo qué podía hacer al respecto (y una de mis decisiones fue no hacerle caso al médico), e ir adaptándome a esta nueva yo. En este sentido quizás lo que toque sea asumir que es una etiqueta que como todas no elegimos, sino que llega desde la relación de opresión, y que el hecho de pensar o imaginar un espacio "inicial" en la que no existía, no es posible, pues ya están lanzadas. Bueno, creo que ya estoy desvariando. jajajaja Y no sé si me estoy haciendo entender.

    Lo dicho, tendré que pensarlo un poco más. Gracias por el comentario. Me gusta que me empujen a reflexionar fuera de mi comodidad feminista.

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